
Historias de chupa-sangres han existido desde tiempos muy antiguos, pero sin duda la novela más influyente de este género es Drácula, del literato irlandés Bram Stoker, la cual reunió y definió para siempre las principales características de estas criaturas de la noche, y fue adaptada al cine con mucho acierto en varias oportunidades.
A partir de Drácula, los vampiros han estado siempre presentes en la cultura popular a través de innumerables novelas, películas y series de TV, vistos por lo general como el más representativo símbolo del terror. Sin embargo, fue en las últimas décadas del siglo XX, y gracias a las célebres novelas de la escritora Anne Rice y sus posteriores adaptaciones cinematográficas, Entrevista con el Vampiro y La Reina de los Condenados que dejamos de mirarlos solo como encarnación de la maldad. Dentro de esta visión contemporánea, los vampiros son seres poderosos, atractivos y sofisticados, pero siempre atormentados por su condición sobrenatural, y capaces de albergar buenos sentimientos y de realizar actos heroicos. Es así que incluso la excelente adaptación de Drácula dirigida por Francis Ford Coppola, y considerada la más fiel al libro, le añadió una gran dosis de romance y humanidad a la clásica historia de horror.

Como apreciamos, las historias de chicas inocentes que se enamoran de apuestos y nobles vampiros se han popularizado hasta el hartazgo, pero han servido para volver aún más famosa a una de las criaturas más utilizadas por la ficción moderna. Los vampiros están de moda, y no habrá estaca que los detenga.
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