Mostrando entradas con la etiqueta Pietro Sibille. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pietro Sibille. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de agosto de 2011

AMADOR, UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE VER A MAGALY SOLIER

Distribuida por los amigos de Eurofilms, el próximo jueves 18 de agosto se estrena en nuestras salas, Amador, el drama dirigido y escrito por el español Fernando León de Aranoa protagonizada por los actores nacionales Magaly Solier y Pietro Sibille (que interpretan a una pareja de inmigrantes peruanos en España), junto a los españoles Celso Bugallo, Sonia Almaracha y Fanny de Castro, entre otros y que se ambienta en la Madre Patria con la problemática de los inmigrantes y su integración a la sociedad europea.

La Solier es Marcela, una mujer joven en apuros económicos que encuentra un trabajo para el verano cuidando de Amador (Celso Bugallo), un señor mayor postrado en cama, en ausencia de su familia. Cree ver así sus problemas resueltos, pero a los pocos días Amador muere, dejando a Marcela en una difícil situación. Su fallecimiento le deja sin trabajo, y eso es algo que ella no se puede permitir. Enfrentada a un difícil dilema moral, Marcela va a demostrar que no siempre la muerte puede detener la vida.



Cabe destacar que este filme significó para Magaly el premio de la Unión de Actores Hispanos a la Mejor Actriz en el Pasado Festival de Guadalajara, en México. Y como una manera de introducirlos en este fascinante mundo de soledad, frustraciones y desesperanza, les dejo las notas del director, Fernando León de Aranoa:

Piensa Marcela que la vida es una cuestión de oportunidad. El señor del que cuida este verano muere, y lo malo es que muere demasiado pronto: un mes antes de lo que ella hubiera necesitado. Su fallecimiento le deja sin trabajo, sin medio de subsistencia.

"Se adelantó, carajo. ¿No podía haber aguantado un poco más?", se lamenta.

Amador habla antes que nada de la vida, de cómo a veces ni siquiera la muerte se basta para detenerla. Todas las decisiones se toman aquí en su nombre. Ella es la verdadera protagonista de esta historia: su motor, su principio y su fin, su necesidad.

La vida con su mezcla de esperanza y de culpa, de dolor y necesidad. La vida con mayúsculas, como caudal, como recreo. La vida que llora en las bodas y se ríe en los tanatorios, confundiendo alegría y dolor; la que no entiende de géneros, ni quiere, ni puede.
La vida con su poco de muerte, claro; y con su prórroga a veces.

Y es que quizá esta película, a ratos oscura y silenciosa, sea la más luminosa que he hecho. Porque busca la vida como la busca Marcela: con desesperación. Porque pone la muerte a su servicio y, al hacerlo, por un instante, le da sentido.

Marcela trata de resolver el complicado rompecabezas en el que se ha convertido su existencia. Se enfrentará para conseguirlo a un complejo dilema moral, ese que plantea a diario la supervivencia: entre actuar como nos aconseja la conciencia o como exige la necesidad.

La película asiste así a un debate ético, entre lo que somos y lo que las circunstancias nos imponen ser. Entre la vergüenza y la dignidad. En Ladrón de bicicletas, su protagonista, desesperado al haberse quedado sin medio de subsistencia, roba él mismo una bicicleta, revelándose como el ladrón del título: la muerte del individuo como sujeto moral, ante los ojos de su hijo.

En el transcurso de esta historia Marcela va a descubrir que somos, en definitiva, nuestras decisiones. Y que lo complicado no es tomarlas. Lo complicado es vivir con ellas.

En el plano formal, hay una deliberada elegancia y serenidad. En la música de Lucio Godoy, en la fotografía y los encuadres de Ramiro Civita. Procede del personaje de Marcela, de su entereza frente a la adversidad, de la firme serenidad que demuestra mientras el mundo, su mundo, parece venirse abajo a su alrededor.

La estructura de la película es casi musical. Abundan en ella las repeticiones, elementos que vuelven como un estribillo, proponiendo siempre una relectura de algo que hemos visto ya.
E, inevitablemente, el humor. Un humor acaso un poco más oscuro que en otras ocasiones. Más perverso, pero más vital también, por más necesario. Delirante a veces, como sólo puede serlo la realidad.

Y junto a la precariedad y el humor, la solidaridad de base: la de Puri con Marcela, supervivientes al fin del mismo naufragio.

Habla Amador además de la culpa, que camina a menudo de la mano de la religión; de la miseria, y también de la esperanza, que acaso sea, de todas, la forma más hermosa de la ficción.

Me empuja a hacer esta película el convencimiento de que lo que en ella se cuenta podría estar sucediendo ahora mismo, en cualquier barrio de cualquier ciudad. La seguridad de que una mujer está teniendo que tomar en este mismo momento una decisión difícil, forzada por las circunstancias. De que podremos escuchar su voz una noche en la radio, susurrando angustiada su historia a una desconocida; sola y desorientada, pidiendo consejo, sin saber qué hacer. El convencimiento de que, se llame o no Marcela, esa mujer es ella también.

Conecta así Amador inevitablemente con los tiempos de dificultad colectiva que estamos viviendo, desde la mirada de aquellos para quienes esa dificultad no es nueva. Su precariedad no depende de lo que haga hoy la bolsa o titulen mañana los periódicos, porque es vieja conocida: les acompaña como antes acompañó a sus padres, en sus países de origen; y sacó pasaje a su lado cuando decidieron emigrar, huyendo de ella. Proceden del otro lado de la fortuna. Su combate se libra a cien asaltos y el rival es la vida: se abrazan a ella con fuerza cada vez que sienten que les va a derribar, y no les da miedo caer, porque aprendieron a contar hasta diez en la lona.

Dice la pareja de Marcela que el de las flores es un negocio seguro, porque sólo hay tres cosas seguras en la vida, el amor, la vida y la muerte, y las tres se celebran con flores.
De las tres habla esta película, y las tres celebra también.

De la vida y de la muerte, que comparten en esta historia habitación: un dormitorio en la periferia de cualquier ciudad. De su convivencia forzosa, de su necesaria convivencia. Y también de lo que sucede entre una y otra y quizá da sentido a las dos: el amor.

Dice el profeta: ”Quisierais conocer el secreto de la muerte, pero, ¿cómo lo encontraréis a no ser que busquéis en el corazón de la vida?”

Marcela lo sabe. Gente valiente, que hasta en la muerte sabe reconocer el gesto inconfundible de la vida.

viernes, 10 de octubre de 2008

PASAJEROS, UNA GRATA SORPRESA

Hoy por la mañana tuve la oportunidad de asistir a la función y conferencia de prensa de la nueva película nacional Pasajeros, una co-producción de Pasajeros Producciones, Inca Cine y la norteamericana Laguna Productions. Filmada en el 2006, pero que recién puede verse en las salas por los típicos problemas por los que tiene que pasar toda película nacional (dinero principalmente), cuenta con las actuaciones de Pietro Sibille, Marcello Rivera, Eduardo Cesti y Mónica Sánchez, quienes prácticamente se llevan el 90% del rodaje.

Este filme supone la opera prima del crítico y ahora director Andrés Cotler Avalos (escribió el guión, dirigió y editó), quien ha sorprendido a propios y extraños con un interesante drama social que, a diferencia de muchas obras nacionales, se desenvuelve con soltura, con una narrativa que deja en claro las cosas (aunque puedo objetar un par de cosas, como la relación entre los personajes de Mónica Sanchez y Marcello Rivera o el uso de fades continuos entre escena y escena, pero ese es el punto de vista del director, que no desmerece en nada al producto final.

Desarrollada en Lima, es la historia de dos amigos de la infancia que se reencuentran luego que el primero sale de la cárcel con un objetivo claro: partir a Estados Unidos en busca de oportunidades. Mientras, Adolfo, el tercer amigo, ya vive en los Estados Unidos. Martín vive su amistad con Jano con culpa ya que este se entregó a la policía por defenderlos y lo sigue en sus actividades delincuenciales. Mientras tanto, Martín conoce a Pedro Hidalgo, un viejo pintor limeño, que, entre la droga y el alcohol, busca salir del olvido. Historia sobre la amistad y sobre dilemas morales, Pasajeros indaga sobre destinos sin un presente claro: los jóvenes anhelan un futuro mejor en un país desarrollado, mientras el viejo busca recuperar los tiempos del pasado...pero mejor vean el trailer...

Realizada en 35 mm, sus 95 minutos de duración nos ha dejado un buen sabor de boca, en las que destacamos las interoretaciones de Pietro Sibille como un sujeto que va resbalándose poco a poco al final del embudo, pero sobre todo, de Eduardo Cesti, el popular "Gamboa", quien ha invertido toda su experiencia para presentar un personaje soberbio, un auto-destructivo pintor que bien le hará merecedor de algún reconocimiento si es presentada en los numerosos festivales...espero que sí, porque es un actorazo...mis más sinceras felicitaciones. Otro punto a destacar es el de la fotografía, a cargo de Pili Flores-Guerra, quien demuestra una vez más su gran capacidad.

Cabe resaltar que Pasajeros cuenta ya con varias distinciones internacionales:
Ganador de la Beca de la Fundación Carolina para el Primer Taller de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos, trabajo con Marcelo Piñeyro y Senel Paz.
Seleccionado para el Foro de Co-producción Iberoamericano de Huelva, España 2003
Ayuda del Programa Ibermedia para la co-producción en el 2004
Seleccionado para el Foro de Co-producción de Guadalajara, México, 2005
Premio en el Concurso Extraordinario de Proyectos para Postproducción de Obras Cinematográficas Peruanas de Largometraje, Conacine 2008.

Tras estos logros, aquí les dejó como un aperitivo, porque tienen que ir a verla, no solo con la excusa de apoyar al cine nacional, sino con la idea de ir a ver una buela película, sea la nacionalidad que sea, esta serie de fotografías en las que pueden ver a cada uno de los protagonistas y al director en acción. No dejen de ver esta grata sorpresa en nuestro vilipendiado cine nacional. Pasajeros...no se van a defraudar.