martes, 25 de mayo de 2010

EL DÍA QUE AEROSMITH BRINDÓ CON UNA "RICA CHICHA". Por Luis Bistolfi

Luego de la estupenda exhibición de rock and roll de Aerosmith, de la que más de 35 mil afortunados fuimos testigos en Ate la noche del sábado, he podido confirmar algunas cosas. Primero, ese inaccesible pampón llamado Explanada del Estadio Monumental no es ni de lejos un escenario digno para el nivel de tantos ilustres visitantes que hemos tenido últimamente, sobre todo si es que tu presupuesto no te permite desembolsar una considerable cantidad de soles para poner las suelas en la zona más costosa, única ubicación en el que se puede disfrutar decentemente de un espectáculo en el mencionado lugar.



Este servidor, al que la suerte y el bolsillo lo han depositado a diversas distancias del escenario en cada oportunidad, puede dar fe de eso. Así que habrá que rezar para que el Estadio Nacional regrese pronto, aunque presentimos que, ya sin la prisa de los Juegos Panamericanos, tendremos aquí al Metropolitano de los estadios. También hay que prender velas para que San Marcos se consolide como un recinto importante para este tipo de eventos, con una mayor inversión en infraestructura, por supuesto; coger un rosario para que alguna vez podamos estar dentro y no fuera del Monumental y, finalmente, encomendarnos a algún santo para que lo antes posible se construya en nuestra capital un escenario más adecuado y de mayor capacidad, y así consolidar ese espectacular boom musical que estamos teniendo en Lima.

Otra cosa que he podido reafirmar es que el rock es la verdadera, única y excluyente fuente de la juventud. Uno no se puede creer que un tipo con 62 calendarios a cuestas tenga la energía y elasticidad que Steven Tyler enrostra a todos los treintones y cuarentones que se pasan el día afirmando que ya están demasiado viejos para tal o cual cosa. Y es que sobre el escenario el bocón Tyler es inobjetablemente el 80% de Aerosmith (agreguen un 10% más para el guitarrista Joe Perry y otro 10% para el resto de la banda), y el sábado lo pudimos comprobar in situ y a pocos metros del carismático cantante. El glorioso chillido de su voz y todas sus piruetas se conservan intactas, y si tuviéramos que decir quién ha sido el frontman más completo que hemos tenido hasta ahora en la Ciudad de los Reyes (con todo lo que implica esa palabra), diríamos sin pensarlo mucho que ese ha sido el gran Steven. Y miren que a esta altura ya han pasado por aquí varios pesos pesados.



El tercer punto que he podido reconfirmar en la Explanada es que la tan mentada “cultura de conciertos” es algo todavía casi inexistente entre muchos de nuestros compatriotas. Por culpa de la tecnología, ahora un recital, más que ser justo eso, se ha convertido en una titilante y gigantesca sesión de fotos en la que una buena parte del público se la pasa accionando compulsivamente las cámaras, más preocupados en tener una prueba tangible de que estuvieron allí, que de dejarse llevar por la energía del rock y disfrutar de la buena música, retribuyendo al artista con un merecido aplauso. Por otro lado, a todos los que humildemente tratamos de ir más allá de un puñado de hits cuando se trata de conocer a una banda, nos decepciona escuchar a algunos sacrílegos que solo saben pasársela pidiendo a gritos una o dos canciones, siempre las más conocidas y manoseadas. Qué lástima que haya gente que ignore que Depeche Mode es mucho más que “I Just Can’t Get Enough”, o que Cerati tiene (sí, lo digo en tiempo presente) mucho más que ofrecer que “Cosas imposibles”. Toda una ofensa para los que se han esmerado por cultivar una cultura musical más amplia, pero ni modo, cada uno paga por lo que cree ser justo.

Sobre el concierto en sí, ¿qué más podemos agregar que no hayan dicho ya los diarios y otras páginas de Internet? Para empezar, es una bendición que un show como este se dé un día sábado, por todas las obvias razones que ya se imaginarán: nada de apuros a la salida del trabajo, un poco menos de tráfico y la oportunidad de seguir celebrando sin preocupaciones una vez terminado el concierto. Y vaya que había mucho que celebrar, porque los norteamericanos nos regalaron una excelente presentación ante la cual, por desgracia, no todos los presentes estuvieron a la altura. A pesar de eso, Steven Tyler nos agasajó con una memorable degustación de chicha y un chullo sobre su cabeza que estimularon nuestros más afiebrados delirios patrioteros.

Pero retrocedamos un poco. Descansados y debidamente producidos, llegamos al fortín de "la U" para escuchar a un cumplidor grupo Amen, luego del cual caería sobre el escenario una enorme cortina con el característico logotipo alado de Aerosmith. Fue ese gran pedazo de tela el que hizo que nuestros corazones comenzarán a agitarse como pocas veces, para que, a escasos minutos después de las 9:30 de la noche, los chicos de Boston aparecieran para complacernos durante dos horas. Aquella pasarela convenientemente colocada delante del escenario fue casi exclusiva para el lucimiento del serpenteante Tyler, quien desarrolló gran parte de su performance sobre ella, para deleite de los fans y en especial de las féminas, con algunos breves paréntesis para que su eterno socio, ese maestrazo de la guitarra llamado Joe Perry, se compenetre más con los enfervorizados seguidores, o para que el eficiente bajista Tom Hamilton tenga unos instantes de protagonismo. Un momento que merece mención aparte es el solo en el que Joey Kramer le dio con alma, corazón y vida a sus tambores, valiéndose de sus baquetas, sus puños y hasta de su cabeza. Por su lado, el segundo guitarrista Brad Whitford confirmó su acostumbrado perfil bajo, el cual no desmerece ese talento con las cuerdas que lo ha convertido en el complemento perfecto del estelar Perry.



El setlist, con algunas pequeñas variaciones, fue básicamente el mismo que escucharon venezolanos y colombianos, bien equilibrado entre la época setentera de la banda, algunos covers y el periodo post-resurrección de Aerosmith (dicho sea de paso, el más espectacular retorno de la historia del rock), con añejos himnos como “Dream On”, “Lord of the Thighs”, “Sweet Emotion” y la infaltable “Walk This Way”; y súper éxitos de la era MTV como “Living on the Edge”, “Cryn’” y “Crazy”, canciones que fueron las que elevaron al máximo la euforia de la masa. En lo personal, no podemos negar, arriesgándonos a caer en el lugar común, que nos quedamos con las ganas de escuchar alguna balada más, sobre todo ese tremendo canto a la supervivencia llamado “Amazing”. No obstante, lo que Aerosmith nos dio fue lo justo y necesario para una presentación memorable, en la que pudimos respirar su onda blusera, sus portentosos riffs y todo el estrafalario encanto de su líder.

El sábado 22 de mayo del 2010 no nos acordamos de nuestras afiebradas fantasías adolescentes con Alicia Silverstone y Liv Tyler, y todo fue buena música. ¡¡Hasta siempre, gemelos tóxicos!! Ojalá su inagotable energía les alcance para volver algún día. Los estaremos esperando con los brazos y las alas abiertas.