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Pocos se imaginaban a fines de los 80 que el director de impresionantes videoclips de Madonna como Express Yourself, Oh Father o Vogue, del Immaculate Colection, iba a revolucionar el cine. David Fincher es considerado uno de los mejores directores de su generación por su estilo definido y muy atractivo, que se caracteriza por su estética oscura y triste de corte existencialista.
Tras destacar en la publicidad y los videoclips, debutó en la dirección en 1992 con la tercera entrega de Alien, una ópera prima bastante claustrofóbica pero poco satisfactoria para él porque tuvo dificultades con el estudio, por lo que no fue la película que tenía en mente ni la carta de presentación que pretendía que el filme supusiera para él.
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En 1997 realizó su tercera película, El Juego, una peligrosa historia de tensión psicológica protagonizada por Michael Douglas que aunque no tuvo el impacto de su antecesora, muchos estudios centraron su interés en él, quien con un estilo visual muy característico se convirtió rápidamente en un director con muchos seguidores.
Por El Club de la Pelea se le consideró un director de culto. Basada en una novela de Chuck Palahniuk e interpretada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter, es considerada por su impresionante ritmo y puesta visual como una obra maestra; creando controversia por su contenido violento y sus personajes antisociales.
Atmósfera inquietante y personajes al límite volvieron a ser parte de su universo en La Habitación del Pánico, que estabilizó la opinión de la crítica y el público hacia él, en la que Jodie Foster y Forest Whitaker protagonizaron un claustrofóbico ejercicio de angustia e intriga para una brillante y sorprendente entrega de terror.
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Gracias a su última joya, El Curioso Caso de Benjamin Button, fue nominado por primera vez al Globo de Oro al mejor director. Dejó de lado el suspenso para ingresar al género fantástico de nuevo con Brad Pitt de protagonista para una historia en la que Fincher roza la perfección. Un espectáculo magistral y bello que muestra su madurez.
Su cine encierra una gran tensión psicológica, paranoia, pesadillas y demonios internos de la mente humana. Visual y narrativamente su estilo es impecable, mostrando un dominio magistral en la puesta en escena gracias en parte al video clip. David Fincher, un explorador del lado oscuro de nuestra sociedad y de las miserias humanas.
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